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También es culpa de los productores españoles

Por fin he podido ver las pelis españolas que tenía pendientes. Me ha resultado complicadísimo, ya que no están en cartelera, pero tampoco (con excepciones) en los portales de alquiler legales. Al final, sin cometer un delito que me llamaba a gritos, he visto A Puerta Fría, Los últimos días y Alacrán Enamorado. Y he quedado muy gratamente sorprendida. Unas me han gustado más que otra. Yo no soy crítica de cine, aunque podría matizar de todas algo, pero no es el momento. En general creo que, como ejemplo, son tres películas no sólo dignas, sino reflejo del buen cine español que ya quisieran hacer muchos de esos americanos que firman cintas que nos tragamos a diario en la tele, o por las que nuestros jóvenes pagan en taquilla un dinero que no sé de dónde sacan.

El hecho de que yo me sorprenda, cuando he sido y sigo siendo, espero, parte del cine español, me parece preocupante, pero mucho más lo es el que, poniendo como ejemplo A Puerta fría, tras los merecidos premios en Málaga (un Antonio Dechent soberbio), y las buenas críticas, se haya metido un batacazo monumental en taquilla. Si cambiáramos los actores por rostros bien promocionados del cine mundial (Nilk Nolte está bien, pero mejor están los nuestros) quizá se hubieran forrado, o habrían ganado un Festival de Cine de clase A. Los últimos días es original, entretenida, bien interpretada (José Coronado me gusta más cada día), una fotografía impecable, valiente, digna de un remake americano que estoy segura llegará, y un exitazo en España, teniendo en cuenta las demás, pero podría, en mi opinión, haber hecho mucho más, porque lo merece.

Es verdad que la subida del IVA ha rematado al cine, que la presión de las majors americanas asfixia, la piratería… todo es cierto. Pero me parece que en el fracaso de muchas películas españolas hay bastante culpa del productor. Son capaces de hacer lo difícil: buenas películas, pero se quedan ahí. Y deberían saber que eso es importante, pero no definitivo para “salvar” nuestro cine. Porque creo, señores productores y distribuidores, que son ustedes los que también han de salvarlo, no sólo el gobierno de España, que también.

Aún teniendo en cuenta todo lo dicho, lo que es obvio es que siempre, siempre, hay una película extranjera ganando en taquilla o no permitiendo que las nuestras la recauden. Y uno de los motivos a añadir es porque no se promocionan como es debido. Es tremendamente urgente que nuestros productores se renueven en ese sentido. Eso también contribuirá al cambio de imagen que necesita el cine español en su propio país.

Casi en su totalidad la gente joven no lee los periódicos, ni ve la tele (eso para nada quiere decir que no están preparados). Todo, absolutamente todo lo hacen a través del PC, tablets y móvil, y sobre películas españolas les llega CERO. No es demagogia, he hecho la prueba.

He preguntado a varios jovenes de Ingeniería de 21 años que tenía a mano sobre estos tres títulos y me han contestado ¿eso que és?. Para no mentir, la única que les sonaba era Los Últimos Días, (los carteles y el boca a boca aún puede ayudar algo). Y al preguntar por por ejemplo Camina o Revienta todos la conocían, incluso con detalles.

 

Que una película salga con 13 o 200 copias no sólo significa que una ha costado mucho más que la otra, también que el presupuesto para la promoción “convencional” no es el mismo y obviamente la taquilla necesaria tampoco. Pero hay un coste casi idéntico para ambas: la buena promoción online.

Ya no podemos apoyar nuestras pelis sólo con promoción “convencional”. En este país hay un desconocimiento total sobre las elaboradas estrategias de marketing online. Y el que hace algo en este sentido, aunque no tenga un plan muy desarrollado, se lleva la palma. Y encima con menos costes.

Para terminar vuelvo al tema de imagen del cine español y ahora que está tan de moda promocionar por el mundo la Marca España con topmodels cuyos nombres no recuerdo, me encantaría, porque estoy orgullosa, que esas caras Marca España fueran por ejemplo Penélope Cruz, Javier Bardem o Banderas.

Esos sí venden España

Sobre este tema os recomiendo el interesantísimo especial que publicó la Revista de la Academia de Cine http://actualidad.academiadecine.com/noticias/detalle.php?id_noticia=979

 

SARA, SARÍSIMA, SARITÍSIMA

Icono sexual, gay, icono pop, icono de mujer…icono de lo que se hubiera propuesto. Sara Montiel fue un producto de si misma y supo, sin necesidad de branding, marketin online o redes sociales, venderse como nadie.

No tenía mucha voz, pero era cantante solicitada, tampoco, en mi opinión, era buena actriz, pero rodó más de 50 películas.

Era una experta en comunicación social y yo la admiro.
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Supo potenciar y comunicar como poquísmos (sólo algunos elegidos) sin más herramientas que su propio e imponente persona, un físico extraordinario y en mi opinión una cabeza muy bien estructurada que sabía lo que los demás querían, y que ella convirtió en un producto valiosísimo que incluso, sin hablar ni papa de inglés, dijera ella lo que dijera, algo que tiene muuucho más mérito, “compró” la meca del cine, Hollywood.
Y aún cumpliendo años y quilos, perdiendo las belleza lozana y las formas de ese cuerpo manchego que quitaba el hipo, cayendo en ocasiones en el esperpento, intentando provocar al personal al casarse con un fan cubano al que doblaba en edad, acudiendo a los programas amarillos a tirarse de los pelos con Marujita Diaz, cobrando exclusivas sin ofrecer nada, apareciendo en un video haciendo una interpretación estelar como vendedora de inmuebles, ofreciendo su propia casa desde uno de sus atiborrados salones para poder, según ella, hacer frente a problemas económicos, aireando detalles de la relación de sus hijos y los robos sufridos en su casa, falsos o no; aún con todo eso, no logró vendernos otro producto. Y mira que lo intentó. Pero no pudo. Sara, el producto, sobrepasó a Antonia.
Sara, Sarísima o Saritísima, y así ha sido hasta el final, la del Último Cuplé, un placer sensual, genial, la que besó a Gary Cooper, la de los tres maridos, la mujer de Anthony Mann… Imperecedera en nuestra retina, memoria colectiva y corazones, la que que todos queríamos.

Maria Antonia, Olé tus ovarios allá donde estés