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Si whatsappeas, no conduzcas

Reconozco que he pecado y que he puesto en peligro mi vida y la de otros. Pero no voy a caer en lo de “hasta que no pasa no aprendes”.

Lo de whatsappear, twittear, o cualquier actividad que requiera teclear mientras conduces, es una barbaridad mucho más grande que la de hablar por el móvil mientras te enciendes un cigarrito y al mismo tiempo manejas (dicho a lo mexicano ).

Es ya habitual ver en el metro al 90% de los usuarios centrados en sus pantallas de móvil, tablet o e-book, aporreando como descosidos, venga a enviar mensajes, sobre todo si son adolescentes que ven de maravilla, twitteando o retwitteando, aunque el vagón esté atiborrado y lo hagan de pie con una mano (con la otra aferrados a la barra) y engullidos por una marea humana.

Yo particularmente en el metro no puedo leer ni nada de todo eso. Puedo entender lo de las redes y el whastapp porque, pobres, al fin y al cabo, son adictos, pero lo de leer en esas condiciones a mi me parece absolutamente anacrónico e inútil. Y no me creo que la mayoría de ellos tengan adicción a la lectura. Yo me considero una devoradora de libros, tanto digitales como de papel, pero necesito mi espacio, mi concentración, meterme en la historia, saborear la buena literatura y nada de eso consigo en el metro…. Bueno, eso es otro tema y habrá opiniones para todos los gustos al respecto. La cosa es que en el metro me limito a observar a los demás y la estampa es futurista e inquietante.

Pero el colmo de los colmos es que, cada vez más a menudo, veo que esa actividad se desarrolla en el coche, incluso mientras se conduce. Y para los que ya han pasado los 40 y necesitan gafas de cerca, el riesgo se hace extremo.

¿Qué está pasando? ¿Hay tanta adicción que a uno ya no le importa matarse por ingierir su dosis?.

Difícil solución, ya que es una droga nueva, necesaria, aceptada, aplaudida y en constante evolución y desarrollo, que cada día nos aporta sensaciones nuevas, por lo que se nos hace muy difícil desengancharnos.

El día es largo y si te organizas hay tiempo para todo. Yo ya he tomado una decisión: si whatsappeo, no conduzco. Además, yo ya estoy en situación de máximo riesgo.

Yo, que soy habitual usuaria, constante aprendiz de las redes sociales y profesional de la comunicación en toda su extensión, estoy, últimamente, analizando, que no cuestionando, nuestras actitudes frente a ellas. Reflexiones que me hago y que os traslado. ¿Os las hacéis también vosotros o es que a mi se me va la olla?

Mi siguiente post, en esa línea, me lo ha inspirado mi compañera de Master Vega Guerra con el título “Si bebes, no twitees”, sobre todos esos osados que no se paran a pensar que es mejor estarse calladito cuando se han ingerido dos copitas de más.

Hasta entonces, y recordando a, !ay qué hombre!, George Clooney !!Good luck!!!

¿Twitteas o Trabajas?

Esa es la cuestión. Lo de las redes sociales se ha convertido en un fenómeno de masas tan globalizado, que el que más o el que menos twittea y viraliza, aunque sea contenido ajeno, intenta escribir titulares impactantes, aunque sea con interiores carentes de interés, corta y pega noticias de los demás, responde, retwittea, comenta, opina…Un trabajo arduo que bien hecho promociona de una manera brutal cualquier producto. Y de eso se encargan los verdaderos Comunity Manager, que trabajan en eso y sólo en eso, expertos en marketing online que siguen y ejecutan un plan estratégico de comunicación. Y ese trabajo, remunerado convenientemente, no tiene horario ni descanso si hay que posicionar la marca del que te paga.

Al otro lado están todos los demás: abogados, arquitectos, periodistas, cantantes, directivos, médicos, profesores, actores, presidentes, estudiantes, empresarios… que trabajan en otra áreas de la sociedad, fichando en entrada y salida para cumplir sus horitas reglamentarias en horario laboral. ¿Y por qué en ese mismo horario están emulando a los Comunity Manager, con la diferencia de que lo hacen para venderse a si mismos y no a las empresas que les pagan?

Yo, que ahora no tengo que fichar, me dedico precisamente a la comunicación y promoción, y que además estoy poniendo en práctica mis conocimientos del Master SEO y Social Media en el que estoy metida de lleno, no puedo seguirles tan atenta como lo hacen muchos, porque los proyectos requieren mi dedicación durante horas al día. Por eso Analytics o SocialBro me alertan de que no soy una persona ACTIVA. ¿Qué no? Pero si no hay día que no mire el Twitter, el Facebook, el Linkedin, el Google +, Youtube o el Pinterest

Esto es ya una carrera a empujones, a ver quién consigue antes ser más influyente (según las herramientas, claro) quién tiene más amigos, seguidores, quién acapara más “me gustas” o retwitts, da igual de qué y sobre qué.

¿Y cuándo trabajan?

Yo no me creo que puedan hacer varias cosas a la vez (sobre todo si son hombres, sorry), y si las hacen, estoy convencida de que no, con la calidad requerida. El que curra de verdad, el que está de reunión en reunión, consiguiendo financiación, clientes, preparando dossiers, desarrollando proyectos, ideando nuevos temas, rellenando informes, atendiendo a los clientes…, ese no puede ser lo activo que las redes y la comunidad reclaman. Es imposible.

Y encima, por culpa de esta fiebre social media desvirtuada, el currante centrado en lo suyo siente que no está en el ajo, en la onda, en el mercado, en el meollo…Sólo está trabajando.

Las redes sociales, lo dice un estudio realizado por Microsoft, mejoran la productividad, siempre y cuando se utilicen para la expansión y promoción del producto o empresa para el que se trabaja, y eso pertenece al Comunity Manager. Pero la cosa se está desmadrando y extendiendo a los demás trabajadores que sí están bajando su productividad, por lo que cada vez más empresas europeas están restringiendo a sus trabajadores el acceso a las redes sociales.

Es que siempre pasa lo mismo en esto de las nuevas tecnologías. No sabemos dosificarnos.

En esta época en la que escasea tanto el trabajo, aquel que lo tenga debería mimarlo, dedicarle toda su energía, su tiempo, su conocimiento, que hay muchos parados preparados por ahí, por supuesto metidos de lleno en las redes. No es competencia. Es que no les queda otra.

SOCIAL TV. ¿Una revolución en perjuicio de las serie y programas?

El otro día en una clase del Master SEO y Social Media discutíamos hasta qué punto las nuevas herramientas Social Media están transformando el mundo de la televisión, interactiva, participativa, multifuncional, multilateral, multitodo. Donde acaba el transmedia, empieza la televisión social. Entre otras cosas, una magnífica y mucho más fiable manera de medir las audiencias del programa o serie en cuestión.

Al día siguiente sin ir más lejos leí un buen post de Juan Merodio que hablaba de ello. Me había dicho mi profe, Gloria Bretones (otra fenómena del marketing online), que Merodio es el gurú del Social Media, y empecé a seguirlo y, la verdad, me gusta, no sólo porque sabe latín (en estos tiempos y para esta gente deberíamos inventar otra frase hecha tipo “sabe algoritmo” o algo así..), sino porque me parece que tiene talento para la formación, es directo y no se mete en berenjenales que no le incumben. Decía en su post que la fusión de la TV y Social Media es ya una realidad.

Pongamos de ejemplo un programa como “MasterChef” o “Letris” (ambos de TVE, que por cierto desarrolla divinamente la Tv Social) en los que el espectador participa con sus tweets comentando lo que va pasando en el programa o se baja una aplicación para poder concursar al mismo tiempo que lo hacen en la tele. Además ambos han creado un mundo paralelo que se extiende mucho mas allá del propio programa. Esto a mi me parece perfectísimo, pero tengo mis dudas de si la “esclavitud” de tweetear comentando cada anécdota o secuencia de la serie no irá, en un presente-futuro cercano, en detrimento de la “obra” audiovisual, del contenido del programa o serie, de su guión, que no de su argumento, de la intensidad de sus diálogos, de una cuidada expresión corporal, de buscadas y curradas localizaciones…, que exigen tu concentración para poder apreciarlo y, sobre todo, disfrutarlo.

Porque yo, sinceramente, no podría, ni de lejos, tweetear mientras veo extasiada “Juego de Tronos” o “Homeland”, aunque sean en versión doblada u original subtitulada, porque si te pierdes un segundo, estás perdido.

Esta pregunta me lleva inevitablemente a otras preguntas que dejo en el aire: ¿desarrollarán los contenidos de las series y programas para destinarlos exclusivamente a las redes sociales? ¿Serán entonces más frívolos, más “dos tontos muy tontos”? ¿No habrá cabida para esas “obras” profundas, densas, complicadas, de autor… que no requieran ni necesiten el tweeteo de la gente?

Sólo se me ocurre una respuesta: los programas de tv son otro tipo de producto de consumo y quizá esto les haga crecer cualitativamente hablando, pero estoy segura de que la calidad artística de las series y tv movies españolas disminuirá, independientemente de que el desarrollo técnico podrá hacerlas más atractivas, serán más prosaicas.