George Clooney, ahora o nunca

Cuando leí que en la Ciudad de las Artes y las Ciencias se iba a rodar parte de la nueva peli de Disney, Tomorrowland, me alegré muchísimo porque es una grandísima noticia para la promoción turística de Valencia, no tanto, supongo, para repescar profesionales en paro de la industria audiovisual, pues la major traslada al fin del mundo, si hace falta, el equipo necesario.

Pero cuando se me aceleró el corazón como si estuviera en el momento cumbre de una sesión de spinning fue cuando leí que era él, GEORGE CLOONEY, el que estará durante unas semanas a escasos metros de mí. Desde entonces vivo excitada, tanto en el sentido inglés como español de la palabra.

Ya había descartado cumplir esas fantasías en las que mi amigo Clooney y yo compartíamos cientos de cosas (y no sexuales, curiosamente, aunque será por aquello que he oído de su ambigüedad sexual) durante mis vigilias nocturnas previas a un feliz sueño.

George Clooney

Lo más cerca que había estado de él fue cuando, por la zona de Studio City de Los Ángeles, tomé una margarita en un corriente bar mexicano que él frecuenta. El camata en perfecto español nos dijo que había estado el día anterior ¡qué rabia!. O cuando me colé en una rueda de prensa que ofreció en una edición de la Berlinale por no sé qué peli. Sólo escuché y miré.

George Clooney no es bello, no es alto, no tiene un cuerpo ciclado, ni ya es joven… Es un tipo que bien podrías encontrarte jugando al baloncesto (que le gusta mucho) en el jardín de un adosado de una casa cualquiera, tomando unas cervezas a morro.

Es su voz, grave, profunda, clara, con unas tonalidades tan sexys que se te ponen los pelos de punta. Es su sonrisa, que si te la dedica te tiemblas las piernas. Y es, sobre todo, sus neuronas. Deben de ser preciosas, elegantes, con una conexión perfecta entre las dendritas y neuritas, a juzgar por su impecable trayectoria profesional, sin prisa pero sin pausa, su intachable acierto al elegir y desarrollar sus trabajos, su implicación solidaria y política, su sentido del humor (contrató a una modista para que metiera la cintura del pantalón de su amigo Matt Damon unos milímetros cada día, para desesperación del actor de Bourne que estaba a dieta para adelgazar rápidamente por una peli. Él no se lo tomó en cuenta. Hoy comparten Nespresso) , su elegante punto canalla, su increíble versatilidad más que demostrada (con varios Oscar y nominaciones como director, productor y actor). Y ser y hacer todo ello con una facilidad pasmosa, sin que le reste un solo momento para vivir la vida.

Yo jamás, excluyendo a Paul Newman al que casi, pero no, conocí, había sido fan de nadie, como lo soy de Mr. Clooney.

Es ahora o nunca. Y qué bonito sería, en mi ciudad natal, en esa primera vez de George en España.

Mi novio se ha mosqueado. Espero que llegue a tener motivos