La culpa es de los padres, no de «Sálvame»

Hoy anuncian que llega azotando la ola más grande de frío de los últimos años, así que, a excepción de la habitual tertulia semanal en Gestiona Radio Valencia, a la que he acudido engullida por varias capas de ropa invernal, he aprovechado para encerrarme en el calor del hogar y de paso intentar plasmar algunas ideas, esas que van y vienen sin tregua y sin respeto a mi voluntad. Me atacan sobre todo cuando conduzco, camino, hago deporte, o practico cualquier actividad física en soledad. La mayoría son absurdas e inútiles, pero en ocasiones sensatas, con fondo, dignas de cultivarlas, desarrollarlas. Pero en seguida, mi caprichoso y variable cerebro se va en busca de otras imagenes y sensaciones sin relevancia alguna, y aquello que prometía se queda en un garabato.

cacaperroUno de esos pensamientos arbitrarios me atacó el otro día mientras iba a paso ligero por la calle en Rocafort (Valencia) y me topé con un señor de aspecto impecable que iba paseando al perro. El can se hizo sus cosas en plena acera y el señor impecable ahí las dejó. Debí de poner una cara de furibunda importante, porque logré que dijera «hay que cochino eres», dio media vuelta y se fue, el muy incivil y el muy guarro.

Recordé entonces que me había llamado mucho la atención unos meses antes, durante un paseo por un camino rural, cerca de Torrelodones, donde no circulan coches ni casi gente, que una joven moderna, con un peinado que el señor impecable quizá no toleraría a su propia hija (rapada media cabeza), también paseaba a su perra, que hizo sus cositas al lado de un árbol, entre rocas, lugar donde no me hubiera sorprendido que allí lo abandonara como abono. Pero no. La chica sacó su bolsita y escrupulosamente recogió los excrementos de su mascota.

 

Belen-Esteban-se-alegra-de-la-_54423899729_53699622600_601_341Y entonces, evocando esas imágenes, mi mente saltó rápidamente a los programas de televisión Sálvame. y Gran Hermano Vip. Y no me preguntéis porqué.

Pero saqué la conclusión de que dudo mucho que los hijos de ese señor impecable, en un futuro, recojan las heces de sus perros de la calle.
Es todo cuestión de educación.
Por eso, que haya niñas que quieren ser Belén Esteban, a pesar de que chilla y escribe «agobiada» con v, no es culpa de los medios de comunicación.

4402-small

Que adolescentes aspiren a ser famosos con el mínimo esfuerzo posible, vendiendo a enemigos o amigos, no es culpa de Tele 5. Es mala educación. Y las televisiones tienen ahí un buen filón.

Pero en la tele, como en la vida, hay elección. Tú decides. Lo que quieres ser, transmitir a tus hijos, qué valores les inculcas, con que criterios les ayudas a crecer, cómo forjas su autoestima y seguridad en si mismos… Ellos serán los que luego elijan el canal.