SARA, SARÍSIMA, SARITÍSIMA

Icono sexual, gay, icono pop, icono de mujer…icono de lo que se hubiera propuesto. Sara Montiel fue un producto de si misma y supo, sin necesidad de branding, marketin online o redes sociales, venderse como nadie.

No tenía mucha voz, pero era cantante solicitada, tampoco, en mi opinión, era buena actriz, pero rodó más de 50 películas.

Era una experta en comunicación social y yo la admiro.
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Supo potenciar y comunicar como poquísmos (sólo algunos elegidos) sin más herramientas que su propio e imponente persona, un físico extraordinario y en mi opinión una cabeza muy bien estructurada que sabía lo que los demás querían, y que ella convirtió en un producto valiosísimo que incluso, sin hablar ni papa de inglés, dijera ella lo que dijera, algo que tiene muuucho más mérito, “compró” la meca del cine, Hollywood.
Y aún cumpliendo años y quilos, perdiendo las belleza lozana y las formas de ese cuerpo manchego que quitaba el hipo, cayendo en ocasiones en el esperpento, intentando provocar al personal al casarse con un fan cubano al que doblaba en edad, acudiendo a los programas amarillos a tirarse de los pelos con Marujita Diaz, cobrando exclusivas sin ofrecer nada, apareciendo en un video haciendo una interpretación estelar como vendedora de inmuebles, ofreciendo su propia casa desde uno de sus atiborrados salones para poder, según ella, hacer frente a problemas económicos, aireando detalles de la relación de sus hijos y los robos sufridos en su casa, falsos o no; aún con todo eso, no logró vendernos otro producto. Y mira que lo intentó. Pero no pudo. Sara, el producto, sobrepasó a Antonia.
Sara, Sarísima o Saritísima, y así ha sido hasta el final, la del Último Cuplé, un placer sensual, genial, la que besó a Gary Cooper, la de los tres maridos, la mujer de Anthony Mann… Imperecedera en nuestra retina, memoria colectiva y corazones, la que que todos queríamos.

Maria Antonia, Olé tus ovarios allá donde estés

¿Podrá nuestra inteligencia emocional soportar la tecnología que viene?

Pantallas de cristal líquido por doquier, en el coche, ventanas, como grandes pizarras de aulas, en mesas de oficinas..Ya no necesitaremos ni tablets ni pcs, ni móvlies. Nuestras casas no tendrán cortinas porque oscureceremos los cristales cuando queramos y con sólo un dedito, el índice, que sustituirá irremediablemente al bolígrafo, incluso desbancará a los demás dedos de la mano, porque tampoco necesitaremos teclados. Los teléfonos móviles, los programas de correo electrónico, entre otras muchas cosas, estarán implantados en nuestra propia cabeza. El ciego podrá ver con ojos biónicos, el cojo andar con piernas artificiales, el sordo escuchar de nuevo. Se curará el alzheimer y el cáncer, o quizá nunca lleguen ya a manifestarse, y las generaciones venideras piensen que fueron enfermedades muy antiguas, como para nosotros la peste. Nuestra inteligencia emocional y nuestra psique ¿podrán soportarlo, teniendo en cuenta que ya hay, por ejemplo, clínicas de desintoxicación para adictos a las nuevas tecnologías? Eso si es que en nuestros cerebros la inteligencia biológica pueda convivir de tú a tú con la artificial. Está a la vuelta de la esquina. En 30 años, dicen los expertos como Raymond Kurzweil. Aterrador.

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Tenía que pasar, es la evolución, pero la tecnológica ha ido tan rápida (se ha logrado más avances tecnológicos en diez años que en cientos y cientos de años) que al ser humano no le ha dado tiempo a desarrollarse, a adaptar su cuerpo y su mente para estar preparado.

Estamos dando los primeros pasos y ya somos esclavos de la tecnología. Cualquier profesional que se precie, además de tener un perfil brillante en varios idiomas, ha de estar y activo en Linkedin, Twitter y Facebook como mínimo, y por supuesto escribir un blog con regularidad, tener su página web, introducir vídeos tutoriales, newslatters…. Hay que posicionarse bien.

Yo no quiero quedarme atrás y, como todos, voy siguiendo asfixiada al futuro. Pero sólo nos da tiempo a ocuparnos de aprender cada día algo nuevo y rentabilizarlo. A nadie le preocupa cómo afectará eso a nuestra estabilidad emocional.

Si lo que quiero es acabar mis días en una pequeña localidad en plena naturaleza, con buen clima, dormir mucho, no tener móvil, hacer ejercicio, respirar aire puro, quizá dirigir un pequeño chiringuito de paellas hechas a leña… ¿entonces qué estoy haciendo? Me planteo, ¿estará penado vivir así. Renunciar a un implante en la cabeza? ¿Será carísimo por exótico? Yo voy a ir haciendo planes al respecto, por si acaso…

PIPIPOD. IGUALDAD DE PIPÍS

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Ha caído en mis manos una noticia de hace ya más de un mes no sé si genial o descabellada. Hay que luchar por la igualdad de deberes, derechos y oportunidades de las mujeres, pero el terreno físico es otro cantar.

El colmo de la igualdad es la promoción de un invento femenino que permite hacer pipí sin quitarse las braguitas. Es de una empresa de Tarragona, muy femenina y muy feminista. Se trata de una braguita a la que se ha incorporado un tubo de silicona que asemeja sobremanera al órgano genital masculino. Destinado sobre todo, dice la noticia, a las mujeres deportistas. Imagino que a las que hagan una actividad campo a través o un maratón contrarreloj y el hecho de parar a hacer sus cosas pueda poner en peligro la medalla. También para mujeres tirada “palante” y con muchas prisas, para que puedan hacer pipí como verdaderos hombres, de pie y en cualquier parte. Sólo basta con subirse la falda y dirigirse al retrete o arbusto más cercano. El método estará muy bien para no coger infecciones, provocadas a veces, por cierto, por las gotitas desviadas de los hombres descuidados. Algunos, no todos, cuando se van haciendo mayores y la próstata se mustia, deberían, como explica Juvenal Urbino en “El amor en los tiempos de cólera” de García Márquez, sentarse como las mujeres o, si no lo desean (cosa que entiendo y comparto), pues que hagan cursillos de civismo e higiene.

Pero yo no, eso del apéndice de silicona no, que una es muy suya y en su intimidad, aunque pida la igualdad, aún se siente muy mujer.

Para las valientes que se animen, sólo decirles, tal y como versa el slogan de este curioso productos PISFRUTA EL MOMENTO

 

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