¿Podrá nuestra inteligencia emocional soportar la tecnología que viene?

Pantallas de cristal líquido por doquier, en el coche, ventanas, como grandes pizarras de aulas, en mesas de oficinas..Ya no necesitaremos ni tablets ni pcs, ni móvlies. Nuestras casas no tendrán cortinas porque oscureceremos los cristales cuando queramos y con sólo un dedito, el índice, que sustituirá irremediablemente al bolígrafo, incluso desbancará a los demás dedos de la mano, porque tampoco necesitaremos teclados. Los teléfonos móviles, los programas de correo electrónico, entre otras muchas cosas, estarán implantados en nuestra propia cabeza. El ciego podrá ver con ojos biónicos, el cojo andar con piernas artificiales, el sordo escuchar de nuevo. Se curará el alzheimer y el cáncer, o quizá nunca lleguen ya a manifestarse, y las generaciones venideras piensen que fueron enfermedades muy antiguas, como para nosotros la peste. Nuestra inteligencia emocional y nuestra psique ¿podrán soportarlo, teniendo en cuenta que ya hay, por ejemplo, clínicas de desintoxicación para adictos a las nuevas tecnologías? Eso si es que en nuestros cerebros la inteligencia biológica pueda convivir de tú a tú con la artificial. Está a la vuelta de la esquina. En 30 años, dicen los expertos como Raymond Kurzweil. Aterrador.

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Tenía que pasar, es la evolución, pero la tecnológica ha ido tan rápida (se ha logrado más avances tecnológicos en diez años que en cientos y cientos de años) que al ser humano no le ha dado tiempo a desarrollarse, a adaptar su cuerpo y su mente para estar preparado.

Estamos dando los primeros pasos y ya somos esclavos de la tecnología. Cualquier profesional que se precie, además de tener un perfil brillante en varios idiomas, ha de estar y activo en Linkedin, Twitter y Facebook como mínimo, y por supuesto escribir un blog con regularidad, tener su página web, introducir vídeos tutoriales, newslatters…. Hay que posicionarse bien.

Yo no quiero quedarme atrás y, como todos, voy siguiendo asfixiada al futuro. Pero sólo nos da tiempo a ocuparnos de aprender cada día algo nuevo y rentabilizarlo. A nadie le preocupa cómo afectará eso a nuestra estabilidad emocional.

Si lo que quiero es acabar mis días en una pequeña localidad en plena naturaleza, con buen clima, dormir mucho, no tener móvil, hacer ejercicio, respirar aire puro, quizá dirigir un pequeño chiringuito de paellas hechas a leña… ¿entonces qué estoy haciendo? Me planteo, ¿estará penado vivir así. Renunciar a un implante en la cabeza? ¿Será carísimo por exótico? Yo voy a ir haciendo planes al respecto, por si acaso…

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