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Pon un Risto en tu vida

 

Vaya por delante que Risto Mejides me parece una gran publicista, cuya cuenta más importante y abultada es su propia persona. Está desarrollando una buena (para mí no impecable) campaña de comunicación online sobre su branding personal, producto que sí supo, con intención y a veces no, colocar en primera posición en la salida de parrilla. Y luego comenzó la carrera (simil automovilístico, no referencia a su trayectoria, que ya venía de lejos) que aún está rodando.

Primero se dio a conocer en masa a través de programas de televisión que si yo tuviera que valorar para una campaña de comunicación jamás hubiera incluido, pero piano piano ha tenido la habilidad de hacer uso de ellos para su interés personal sin que se lo “coman”, como le pasa a la mayoría. Aprovecha esa ventana para poder desarrollar su marca como comunicador y publicista en la red, algo que hubiera podido ser catastrófico. El que se crea una imagen en televisión como jurado de un show para adolescentes difícilmente puede luego convencer de que tiene mucho que decir en otros campos profesionales, y más difícil todavía que lo consideren los profesionales como él. Pero él lo ha hilvanado muy bien. Por eso escribo sobre Risto. Me atraen las personas con talento, diferentes y auténticas. “Chupo” de ellas para crecer. Hay tan pocas…. Espero no equivocarme, aunque sería simplemente una decepción más.

Muchos de los miles que le siguen en la tele lo hacen en redes y otros, como yo, nos hemos sumado. ¿por qué? porque para mantener este ten con ten la clave es que, a pesar de decirle a un pedorro que canta fatal en un programa de prime time, Risto lo hace publicitariamente hablando, cuidando cada comentario, cada gesto, cada palabra , ad hoc con el perfil que quiere mostrar, que en realidad mal que le pese, es el suyo. Vamos, siendo él mismo, para mí una de las claves del éxito en la vida. Las manera y modos para hacerlo, las herramientas personales, gusten o no, son las correctas, dado el resultado obtenido.

Pero, como no podía ser de otra manera en dos seres absolutamente únicos, no estoy completamente de acuerdo con él, aunque sí en lo que a mí me importa. Por ejemplo, no estoy de acuerdo en la afirmación en su perfil de twitter “Si cuando hablas nadie se molesta, eso es que no has dicho absolutamente nada”. Aunque me gusta por provocador y por su intención, imagino, de despabilar e inculcarle algo de audacia al personal a la hora de expresarse, estoy convencida de que requiere más talento todo lo contrario. Es más fácil “molestar” al personal que llevártelo al huerto siendo fiel a ti mismo y expresando tus verdades. Si ser fiel a ti mismo incomoda al personal, pues que incomode, en eso estoy de acuerdo. Por cierto, he decir que me recuerda sobremanera a un amigo, ex-jefe productor y director de cine, Miguel Perelló. No lo puedo evitar…

Aunque tiene mucha razón de fondo en algunos artículos que he leído como el de “No busques trabajo“, lo intuyo un poco fuera de la realidad. Debería ser un poquito más consciente de que la gente, en general, desgraciadamente no es como él. La mayoría es terriblemente mediocre. Yo espero que en estos tiempos en los que, como él dice, hay que reinventarse y crear, en los que será la imaginación, el talento y la perseverancia lo que prevalezca, no haya cabida para muchos de los mediocres “colocados” en puestos con mando y decisión, y eso es positivo, por lo menos alivia pensarlo.

En mi opinión a Risto le ha resultado bastante fácil llegar a donde está, gracias a sus innatas cualidades. Quizá sea el momento para dar un gran salto. Sin retractarme de ninguno de los piropos dedicados, creo que Risto Mejide (no sé si os pasa pero siempre que escribo Mejide me sale Mejode. En fin..) se ha colocado él solito, con su actitud, artículos (consejitos según algunos) y desarrollo profesional, en la posición adecuada para comprometerse más, sin dejar de buscar su éxito, mojándose por los demás, compartiendo su talento no sólo en las charlas remuneradas y libros escritos, reconociendo el de otros y creando para los demás, no para sí mismo (que sabemos lo hace muy bien). Y con “un par” subirse a ese carro cargado de profesionistas, como dicen los mexicanos, y manejarlo. No es demagogia. Es que España se va a pique y el que pueda debería hacer algo. No estaría mal que empezara a fomentar y promocionar a otros talentos. En un mundo en el que todos miramos sólo por nosotros mismos, sería casi un héroe y daría un salto de tigre para alcanzar la felicidad de Punset y el éxito total. Necesitará convicción,voluntad, tenacidad (el talento, como decía Umbral, es cuestión de insistencia), generosidad y otras dosis de “dad”, que no sé si posee, para que se ratifique lo que muchos creemos de él y no resulte ser, aunque interesante e inteligente, uno más.

Ojalá venga indignado alguien a decirme que no me entero de nada y que este Risto Mejide por el que yo abogo, ya lo es desde hace tiempo

SARA, SARÍSIMA, SARITÍSIMA

Icono sexual, gay, icono pop, icono de mujer…icono de lo que se hubiera propuesto. Sara Montiel fue un producto de si misma y supo, sin necesidad de branding, marketin online o redes sociales, venderse como nadie.

No tenía mucha voz, pero era cantante solicitada, tampoco, en mi opinión, era buena actriz, pero rodó más de 50 películas.

Era una experta en comunicación social y yo la admiro.
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Supo potenciar y comunicar como poquísmos (sólo algunos elegidos) sin más herramientas que su propio e imponente persona, un físico extraordinario y en mi opinión una cabeza muy bien estructurada que sabía lo que los demás querían, y que ella convirtió en un producto valiosísimo que incluso, sin hablar ni papa de inglés, dijera ella lo que dijera, algo que tiene muuucho más mérito, “compró” la meca del cine, Hollywood.
Y aún cumpliendo años y quilos, perdiendo las belleza lozana y las formas de ese cuerpo manchego que quitaba el hipo, cayendo en ocasiones en el esperpento, intentando provocar al personal al casarse con un fan cubano al que doblaba en edad, acudiendo a los programas amarillos a tirarse de los pelos con Marujita Diaz, cobrando exclusivas sin ofrecer nada, apareciendo en un video haciendo una interpretación estelar como vendedora de inmuebles, ofreciendo su propia casa desde uno de sus atiborrados salones para poder, según ella, hacer frente a problemas económicos, aireando detalles de la relación de sus hijos y los robos sufridos en su casa, falsos o no; aún con todo eso, no logró vendernos otro producto. Y mira que lo intentó. Pero no pudo. Sara, el producto, sobrepasó a Antonia.
Sara, Sarísima o Saritísima, y así ha sido hasta el final, la del Último Cuplé, un placer sensual, genial, la que besó a Gary Cooper, la de los tres maridos, la mujer de Anthony Mann… Imperecedera en nuestra retina, memoria colectiva y corazones, la que que todos queríamos.

Maria Antonia, Olé tus ovarios allá donde estés