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La felicidad por descarte. Díselo a Punset

Hoy me voy a permitir hablaros desde el interior, que no de la razón. Algunos dirían desde el corazón, pero yo creo que al corazón le damos a veces demasiada importancia. Y no deja de ser un órgano musculoso, eso sí, vital .

La emoción, el interior, el corazón, el alma… qué más da.

Lo lógico sería hablaros hoy de mi Master SEO y Social Media (que continúo sin pausa pero sin prisas, avanzando día a día). Pero hoy dejo en paz a las palabras claves, las frases por las que he de posicionarme y me olvido un poco (no del todo) del perfil que quiero ofrecer para «venderme» mejor, para hacer una reflexión.

La Felicidad, bonita palabra con significados tan distintos y dispares según quien la pronuncie, y según su estado de ánimo, su estado vital, económico, social, físico… A cada cual, allá él o ella, le hará feliz una cosa, persona, idea, trabajo o situación en la vida.

Pero ¿y si lo que nos hace felices no es precisamente tener esas cosas, si no NO poseer otras? A ver si me explico bien, porque cuando uno habla desde el interior se puede hacer unos líos tremendos

En este tiempo de crisis en el que cada día que te levantas la soga te aprieta más, he comprobado que la felicidad, al fin y al cabo, es el descarte de lo peor. Qué feliz soy porque ya me ha devuelto hacienda los míseros 1700 euros que me debía desde hace un año. Uff, ya puedo pagar algunas facturas más.

Qué felicidad cuando totalmente acongojada (por no decir otra cosita ) voy al médico por unas dolencias con origen desconocido y me informa de que no padezco cáncer. Con la cantidad de cáncer que hay por ahí, qué suerte tengo.

Qué felicidad cuando mi hijo, en tercero de carrera, encerrado a estudiar, concienciado y agotado, va aprobando y camino de convertirse en un señor ingeniero. Qué suerte, con los chavales que hay por ahí que no saben lo que quieren, o que no pueden acceder a la carrera que aspiran…Entonces ¿me quejo yo de que el año que viene quizá no pueda pagar la matrícula?.

Qué felicidad cuando llego a casa los fines de semana y me espera mi chico, mi marido, que aunque está más «jodido» que yo tras disolver la empresa que ahogó sin ninguna condescendencia el gobierno regional en cuestión tras adeudarle no sé cuántos cientos de miles de euros, mal que bien, está y me espera pensando, para que ideemos juntos nuevos proyectos, aunque sea en casa, porque eso de salir a cenar todos los fines de semana ya se está acabando. Y para desfogarse ahí está la bici que es gratis. Y él sigue ahí, fiel, eterno. Qué suerte.

Qué felicidad tener las amigas que tengo. Y cómo y qué a gusto nos reímos. Pongo la mano en el fuego por ellas y el que lo experimenta sabrá el verdadero lujo impagable que es tener buenos amigos. Aunque a una se le haya muerto la madre que no se ha podido permitir llorar porque había que atender a innumerables problemas de trabajo, a otra, su hermano y su madre, mientras cerraba por crisis su puntera galería de arte, la de más allá se ha quedado sin trabajo, la otra problemas con los hijos o el hermano, y aquella, refugiada casi de okupa en su adorada Formentera tras luchar sola y sin blanca otra vez después de que Rumasa le robara todos sus ahorros … pero por encima de eso amigas, compartís y reís.

Esta es la felicidad que yo siento ahora desde dentro. Llámala felicidad, llámala X, llámala Satisfacción, por el trabajo bien hecho, por la educación y valores transmitidos a mi hijo, por la fidelidad y honestidad que he mostrado siempre (y ellos a mi) a mi pareja y amigos, por la «suerte» de rodearme de gente que me aporta, me suma, me enseña, me despierta sonrisas y carcajadas . Eso debe de ser la felicidad. Por favor dime que sí Punset, porque si no vamos aviados