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El sinsentido de la tecnología en Farmacias

En esta era de la tecnología, que corre más que un galgo, los robots inteligentes también han llegado a las Farmacias para ofrecer un mejor servicio tanto al farmacéutico como al consumidor.

Mientras espero turno digital para que me atiendan en una de ellas, observo cómo los medicamentos solicitados caen por un tobogán (como los de Aquopolis) a toda velocidad, sin que el facultativo haya de ausentarse varios minutos mientras busca entre numerosos cajones la caja correspondiente. Oye qué maravilla.

Mientras que en otro mostrador (parapeteado tras el obligatorio panel de cristal que lo separa de posibles virus) observo las manualidades que otro farmacéutico hace con celo, cuter y papel. Cortando uno a uno los cartoncitos donde aparece el código de barras de un montonazo de medicación que un cliente ha solicitado. Rac rac con el cuter, chas cortar celo , pegarlo al código, luego celo y código a la hoja de papel y, finalmente, escribir algo sobre ellos. Y vuelta a empezar con la siguiente cajita.

Y yo «me hago cruces». ¿Cómo es posible que con tanta tecnología farmacéutica , por fin ya coordinada en toda España, que nos permite sacar medicamentos en la Comunidad que sea, provengas de donde provengas, en la que nos piden el dni, con un codigo de barras que se escanea y se almacena en el gran ordenador de la medicina que alberga cada medicamento que sacamos o cada afección que tenemos, aún estén los pobres farmacéuticos en la era pretecnológica en algunos aspectos?

Pues las gallinas que entran por la que salen. Lo que ganamos por un lado restamos por el otro.

Supongo que esta función dejará pronto de existir, aunque , para ser sincera, cuando esto ocurra, me entrará nostalgia de este  entrañanle y tradicional momento de la historia farmacética con el que he crecido.

Las sesentañeras, mujeres poderosas

De sesentonas nada. Esas mujeres que han llegado sanas y cuerdas a los 60 años, las Sesentañeras, la llamada generación silver,  aprendidas, alcanzando más que menos sus objetivos  vitales y emocionales (los más importantes y los que sólo dependen de una misma), auténticas, sin complejos, sin vergüenza ni miedos absurdos, viendo con dolor pero con actitud desafiante  cómo se derrumban muchos y muchas a su alrededor, por el cansancio de la vida, la constante carrera de obstáculos, el desaprendizaje, los miedos , el desamor, los desgastes emocionales y físicos, la falta de inteligencia emocional, los achaques , la  constante búsqueda del reconocimiento.. Esas que a pesar de estar impregnadas de la España del franquismo, han  estudiado,  contra  viento  y marea, por  su  cuenta, la vida,  para  enseñarla,  mejor  o peor , a  sus  hijos, para  vivir, experimentar y aprender. Esas que han superado las pruebas , con la mente abierta, asumiendo los días fatales, en los que las voces intentan persuadirle, sufriendo por ello, pero asumiendo , sacando de debajo de las piedras  las ganas de vivir el momento. Qué mérito, qué esfuerzo, qué poderío , qué modelo a seguir… Porque a la vez el cuerpo va marcando el deterioro, inexorablemente. Y  hay que darse aire.

Ellas , y, permitanme,  nosotras (mi posición entre ellas me la adjudico hoy, en este momento. Aunque ya sé que nunca llegaré a ser la que quería), son unas heroínas.  Hoy me siento así.

Muchas de mi edad se resignan al sofá y las visitas de los nietos, hablan de médicos, otras (yo pasé un cáncer y sigo con mucha medicación) emprenden con casi 60, y esperan a la vez que le llamen abuela, pensando en la jubilación de vez en cuando, absorbiendo la vida a su manera, amando a ratos, cocinando mejor, trabajando mejor, pensando mejor, leyendo mejor o  lo que leen es mejor, con los defectos elevados a la enésima potencia, siendo conscientes de ellos, aguantándose a si mismas, y sabiendo que la mente  manda a su cuerpo que corra, que salte, que se suba a una ola, que se tire en paracaídas ya, que suba, suba… , cuando en realidad la escalera está bajando deprisa mecánicamente  y subir es un doble esfuerzo .  Qué ganas, qué mérito. Yo me miro en ellas. Soy un poco de ellas, aunque a veces no me aguante.

Chicas, hemos llegado hasta aquí. No os de miedo a hacer lo que os de la real gana. No os dejéis abducir , o dejaos si es lo que queréis de verdad. Después de haber superado los obstáculos de la titánica vida y haber llegado a convivir con vosotras mismas sin volveros locas, no decaigáis ahora. Ni se os ocurra. Eso sí, alineando mente y cuerpo, porque cuando hay un desfase entre lo que quieres y lo que puedes hacer, hay frustración. Eso es lo que a mí más me preocupa (como a Robert Redford).

Mujeres, la vida es una putada, pero sois muchas de vosotras las que hacéis que valga la pena.